Yosemite.

Con El Paso Tioga habilitado entramos a Yosemite por la ruta panorámica más alta de Estados Unidos (el mismo se habilita a mediados de mayo por lo que sólo los del doble triangular podíamos aprovecharlo).

Después de alucinar por horas en la ruta con la inmensidad del paisaje, logramos llegar a un camping en lo alto del parque cerca del atardecer (vale aclarar que no teníamos reserva alguna pero estábamos determinados a dormir ahí).

En una de las parcelas notamos que había una carpa pero nada más (autos, nada). Pensamos que se habrían acostado temprano y como les sobraba un montón de lugar decidimos usarles el fogón sin que se enteraran y estacionar nuestra Dodge Grand Caravan alquilada al lado (super sutil y disimulada se podrán imaginar) y luego de juntar leña encendimos un fuego ya que teníamos un montón de comida, hambre y frío.

Como era de esperar, los dueños de la parcela no estaban durmiendo, si no que llegaron cuando muy contentos y cómodos estábamos con el fuego prendido en su lugar. Llegaron en dos o tres camionetas y autos llenas de la típica familia yankee, de la cual solo se bajó el padre y nos vino a preguntar de muy mala cara qué hacíamos en su lugar. Nosotros, cuál de los cinco más malos con el inglés, intentamos explicarle que acabábamos de llegar al parque y no teníamos donde dormir, y le preguntamos si iban a usar el fuego o podíamos usarlo nosotros para cocinar, a lo que nos dijo que iban a usarlo y casi nos come crudo por unos minutos que pensó que además de todo le estábamos usando su leña pero le pudimos aclarar que justo eso no! Que la acabábamos de juntar (como si eso suavizara las cosas).

Con la poca luz que quedaba nos pusimos a buscar otra parcela para hacer lo mismo (no pensábamos irnos si acabábamos de llegar al paraíso).

Cayó la noche y el frio se empezó a hacer sentir más aún mientras el yankee nos miraba ir y venir buscando un lugar hasta que se acercó a preguntar si era verdad que teníamos comida para hacer en el fuego, y nos hizo mostrarle las tremendas tiras de ribs que habíamos comprado.

Al parecer le dimos lastima (básicamente fue lo único que yo había podido hacer con el frio y nervios que tenía, dar lástima caminando temblando de un lado a otro) y nos terminó dejando usar su fogón, pero más que eso, terminó tomándose unas cervezas y fernet con nosotros, se acercaron los hijos adolescentes que se morían por venir y preguntarnos de todo con caritas de fans y compartimos anécdotas hasta tarde, la condición era irnos temprano al amanecer antes de que pasara el guardabosques y eso hicimos.

Al otro dia nos apoderamos de una playita de agua helada, bandera de Uruguay en lo alto, carne y fernet nuevamente. Como en el paisito pero en Yosemite.

Recorrida, cascadas, pájaros con el sonido más extraño que vamos a escuchar en la vida entera, y abundante naturaleza.

Hasta que la noche nos volvió a agarrar sin nada previsto de nuevo, más que quedarnos en esa playita (una zona de picnic del parque habilitada solo hasta el atardecer donde estaba prohibido acampar), hacer un fuego y tirar la carpa cuando nadie nos viera ya entrada la noche.

Para nosotros todo sonaba perfecto, pero lejos estaba de serlo.

Cuando la carne se empezó a cocinar en el fuego en medio de la oscuridad profunda de Yosemite, nos dimos cuenta que si el olor que salía nos volvía locos a nosotros qué podría estar generándoles a todos los animales salvajes que sabemos hay en esos kilómetros y kilómetros de bosque denso y montañas.

En menos de lo que pudimos razonarlo nos empezaron a rodear.

Veíamos ojos brillando en la oscuridad, primero de un lado, luego a nuestras espaldas. Empezó el caos.

Unos les tiraban piedras, otros intentaban juntar todo lo que fuera restos de comida para dejar de atraer más animales, yo gritaba arriba de una mesa que alguien avivara el fuego que se estaba apagando para ahuyentarlos pero lejos estaba de poder hacer algo útil con el miedo que tenía.

No sabíamos bien qué animal era ya que apenas teníamos luz, hasta que empezamos a escuchar aullidos (el sonido más tétrico que escuche alguna vez) y uno de los gurises dijo algo así como: “esos son coyotes, lo vi en Discovery Channel (les juro porque me lo comí toda la vida), aúllan llamando a los demás, y estos no son boludos como los zorros, estos te hacen frente”. Dicho y hecho. Cada piedra que les tiraban parecían ignorarlas y se iban acercando más.

El miedo real más que los coyotes eran los osos. Habíamos estado ambos días jodiendo con verlos y ni rastros, y con el olor a carne estábamos seguros que estaban en camino todas las familias de osos habidas y por haber de varios km a la redonda.

Por suerte para nosotros iba a llegar el otro gran susto de la noche por lo que nos quedaríamos siempre con la duda de si los osos estaban en camino o no, pero al menos viviríamos para contarlo.

Para contarle a los policías que nos descubrieron.

Para ese entonces ya se nos había ido todo de las manos y creo que en su interior cada uno pensaba qué rápido se nos había terminado el viaje cuando hacía menos de un mes que había empezado.

Llegan dos guardaparques pero no de los tranquis (como uno con el que habíamos hablado más temprano que parecía el del dibujito del oso yogui). Estos parecían policías.

Nos ponen las luces largas de la camioneta y nos hacen sentar a todos separados mostrando las manos.

Empieza el cuestionario, en inglés y de nuevo, todos malísimos.

Le decimos que sólo íbamos a comer e irnos y otros versos. Nos dicen todo lo que estamos haciendo mal y lo peligroso que es por los animales y nos hacemos las víctimas diciéndoles que no teníamos ni idea y que acabábamos de sufrir precisamente eso con los coyotes (no sabíamos ni decir coyote en ingles obviamente).

No sabemos si nos creyeron o si simplemente eran demasiadas cosas mal que estábamos haciendo, y con lo malísimos que éramos para comunicarnos ya se veían que la noche no iba a ser fácil, así que decidieron dejarnos ir, y mostrarnos el camino de salida en un mapa.

Preguntan quién entiende mejor el inglés, sin dejar de iluminarnos las caras con linternas y sin dejarnos mover, terminamos decidiendo que vaya yo no sé cómo todavía (que no solo no entendía ingles si no que tampoco de mapas en ese momento).

Me empieza a indicar el camino de salida en el celular y yo era consciente de que si le hablaba cerca me iban a delatar las ipa que me acababa de tomar, y fue lo que sucedió.

Ni se gastó en preguntar si habíamos tomado alcohol, dijo que me sentía el olor, así que preguntó quien tomó menos, cuanto y qué bebidas.

Ahí todos mintiendo hablando a la misma vez, creo que se terminó hartando de no entender nada, confiaron en que nos íbamos a ir, nos dejaron solos juntando todo nuestro cante y nosotros rajamos zafando de todas las cagadas impunes, a dormir al costado de la ruta a unos km fuera del parque casi a medianoche, que tampoco se podía obvio, pero eso ya iba a ser otra historia.

Experiencias. Vistas increíbles. Una naturaleza inmensa que hipnotiza. Completa desconexión. Y la suerte de nuestra vida. Dos días en el corazón de Yosemite que quedarán para el recuerdo.

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